Mientras en nuestras preparatorias y universidades se viene enseñando la lógica de manera tradicional, es decir, la lógica formal acompañada de tablas de verdad, de reglas de inferencia y de ejercicios abstractos de derivaciones, en Canadá, Estados Unidos e Inglaterra se empezó a generar -a mediados de los años 70- un movimiento que fue resultado de una sensación generalizada de insatisfacción con los cursos tradicionales de lógica formal, ya fuese ésta lógica simbólica, ya fuese la aún más tradicional (de raigambre escolástica) que sigue enseñándose en las preparatorias de nuestro país.
Dicho movimiento promueve como alternativa la enseñanza del pensamiento crítico (“critical thinking”).
Uno de los primeros filósofos en usar la expresión “Critical Thinking” como título de un libro de lógica fue Max Black (1946). Otros autores prefirieron títulos como “El arte de razonar”, “Lógica práctica”, “Lógica aplicada” y muchos otros títulos, pero sobre todo usaron la expresión “lógica informal”. Así, en 1978 surgió en Canadá la Informal Logic Newsletter, cuyos editores fueron J. Anthony Blair y Ralph H. Johnson. En el primer número caracterizaban la lógica informal, por vía negativa, como “todo lo que no puede aparecer en las páginas de The Journal of Symbolic Logic” y, por vía positiva, como “toda una gama de cuestiones teóricas y prácticas que surgen al examinar de cerca, y desde un punto de vista normativo, los razonamientos cotidianos de la gente”.
El pensamiento crítico se propone examinar la estructura de los razonamientos sobre cuestiones de la vida diaria, y tiene una doble vertiente analítica y evaluativa. Intenta superar el aspecto mecánico del estudio de la lógica, así como entender y evaluar los argumentos en sus habitats naturales, por ejemplo, el jurídico, el estético y el ético.
Alejandro Herrera
Investigador de la UNAM